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viernes, 1 de junio de 2012

Colombia: mucho legalismo y poca inclusión Un ensayo de reflexión a partir de la obra de Ferdinand Lassalle.

Articulo recibido: mayo 21 de 2012
Artículo aceptado: julio 20 de 2012

El objetivo de este artículo es reflexionar sobre el rol que ha desempeñado la Constitución en la formación del Estado Colombiano. Nuestro país vive una situación contradictoria que es explicada desde la teoría de los factores reales de poder de Ferdinand Lassalle, en donde se establece que Colombia, a pesar de tener una fuerte tradición legalista, también ha estado sumida en una violencia permanente. Las conclusiones indican que las Constituciones en Colombia han sido un instrumento de poder de las élites para eliminar a sus opositores políticos, al no integrar a todos los sectores de la población, creando así una democracia restrictiva que contribuyó a la formación de diferentes agentes para-estatales[1].
Palabras clave: Constitución, Colombia, Factores reales de poder, democracia, legalismo.

Valeria Pelaz Cardona
Estudiante de Tercer Semestre de Ciencia Política.
Universidad Pontificia Bolivariana.
valepelaez@hotmail.com


Colombia: much legalism and little inclusion A reflection essay from the work of Ferdinand Lassalle.

Abstract.
The aim of this article is to reflect on the role played by the Constitution in the formation of the Colombian State. Our country is a contradiction that is explained in the theory of the real factors of power of Ferdinand Lassalle, which states that Colombia, despite having a strong legalistic tradition, has also been mired in a permanent violence. The findings indicate that the constitutions in Colombia have been an instrument of power elites to eliminate his political opponents, not integrate all sectors of the population, creating a restrictive democracy contributed to the formation of different agents-state.

Keywords: 
Constitution, Colombia, real factors of power, democracy, legalism.


Introducción
Al finalizar el siglo XX la población colombiana se sentía defraudada y abandonada por su Estado, el cual no estaba en la capacidad de responder de manera eficaz y efectiva a los hostigamientos de los grupos insurgentes y de los narcotraficantes, quienes convirtieron a la población civil en su principal blanco. Esto implicó que la autoridad Estatal fuera desafiada al considerarse a Colombia como un Estado fallido, a pesar que este país, desde los comienzos de su historia, ha sido caracterizado por su fuerte legalismo y por el respeto a la democracia. 

En el presente artículo se analizan las razones por las cuales a Colombia se le ha considerado como un Estado débil, aun cuando tiene una gran tradición legalista. A su vez, en el texto se reflexiona sobre el poder que ha tenido la Constitución y su influencia en el proceso de formación del Estado, absolutamente truncado y marcado por la violencia. El artículo comienza con una breve explicación de los factores reales de poder, apoyado en el análisis del libro ¿Qué es una constitución? (Lassalle, 2006), y del normativismo o teoría normativa del derecho[2], la cual postula la superioridad de la norma frente a casos particulares, dejando a un lado, al momento de su estudio, todo juicio de valor tanto ético como político.  

Posteriormente, se da una ilustración de los factores reales de poder existentes en la sociedad colombiana a través de la historia, y cómo éstos incidieron en la formación de cartas políticas que siempre entraron en conflicto con una gran parte de los ciudadanos y en el desarrollo de las guerras civiles. El artículo concluye insinuando que la inestabilidad de las constituciones colombianas ha sido un problema político más que legislativo, pues no han sido incluidos en su elaboración a todos los factores reales de poder, sino que estas cartas se han convertido en instrumentos de las élites para reivindicar su posición de vencedores y de únicos ostentadores del poder político. 

Las constituciones colombianas: los deseos políticos de los vencedores
Colombia es un país con una fuerte tradición legalista en donde todas las discusiones políticas y sociales son solucionadas por medio de la expedición de nuevas leyes y constituciones. Sin embargo, lo paradójico es que desde los comienzos de la formación del Estado colombiano, han surgido y coexistido una característica civilista junto a la violencia ininterrumpida. Esta situación contradictoria puede ser explicada desde los factores reales de poder, que no han sido tenidos en cuenta en la formación del Estado y en la creación de sus instituciones jurídicas.

Los factores reales de poder son los grupos que dentro de una sociedad representan diferentes intereses y luchan por obtener y conservar una posición privilegiada, permitiéndoles condicionar la actuación y la capacidad decisoria del Estado. La suma total de estos factores, cuando se materializan en instituciones jurídicas, son una constitución verdadera y eficaz, pues se da una congruencia entre la realidad y la norma. Pero, por el contrario, si existen dos constituciones diferentes, se desata un conflicto que no permite que haya estabilidad y permanencia de la hoja de papel.

Este conflicto es el que ha vivido permanentemente el Estado colombiano, con ocho constituciones nacionales, diez reformas constitucionales, ocho guerras civiles y cinco golpes de Estado. Desde sus inicios, la Constitución ha sido utilizada como un instrumento de poder de la élite para eliminar a su opositor del sistema político; para ello, se ha implementado una democracia restrictiva que permita crear una organización política que no incluye a las otras fuerzas vigentes con el objetivo de mantener sus privilegios. Las constituciones colombianas no han tenido permanencia pues son sólo la materialización de unos pocos factores de poder y no se integran todos los intereses que existen en la sociedad, convirtiéndola en una constitución injusta que disminuye la legitimidad y autoridad del Estado, contribuyendo a que esos factores que no encontraron acogida en la hoja de papel tengan que luchar por sus intereses mediante otra vía.

El Estado de Colombia es heredero de la ideología santanderista, un pensamiento acorde con el normativismo de Kelsen, que se concibe como un sistema ordenado de normas que se desprenden de una norma superior, donde el poder siempre estará subordinando al derecho. De ahí se derivan sus problemas constitucionales y su estabilidad estatal, pues Lassalle en ¿Qué es una constitución? (2006) argumenta que las dificultades de la constitución no son originadas por la ley sino por el poder, porque la norma superior debe ser producida por la voluntad general, por esas fuerzas que operan dentro del Estado, con la finalidad que todos vean representados y cumplidos sus intereses.

Los factores reales de poder en la historia colombiana han sido variados, pero no todos han estado institucionalizados jurídicamente. Estos factores van desde los dos partidos tradicionales, hasta la iglesia y el narcotráfico.

Los partidos tradicionales
Aunque la cultura política de Colombia ha sido bipartidista, antes de la Constitución de 1991, no se reflejaba un sistema de partidos competitivo sino un sistema con un partido dominante, el partido mayoritario expulsaba del sistema a su opositor y no le permitía una participación en la toma de decisiones, lo que llevó a que el partido y la fracción partidista que no tenían el poder, se embarcaran en una revolución germinada desde las regiones hacia el centro, para debilitar al Estado y reclamar por una participación en el poder.

La iglesia
En la historia colombiana la iglesia siempre ha jugado un papel preponderante. Desde la época de la colonia, funcionaba como una fuerza legitimadora para el gobierno y para sus políticas latifundistas; fue un medio importante para que Bolívar consiguiera aceptación y legitimidad entre el pueblo altamente confesional. Grandes batallas se dieron en el territorio nacional, dado el papel de la iglesia dentro del Estado, puesto que ésta tenía gran poder para movilizar a la población y crear insurrecciones por la creación de cementerios protestantes, por el cierre de conventos y monasterios, y por la educación no confesional. La iglesia con su gran poder de masas fue capaz de modificar, de hacer derogar o remover leyes, ocasionó los antecedentes de guerras civiles y permitió que se llevara a cabo la Regeneración. El unirse al partido conservador, por tener bases comunes de ideología y organización, le permitió a este partido confirmarse como una gran élite y tener un periodo de hegemonía en el poder de 44 años. 

Los artesanos
A finales de la década de 1840 y a comienzos de la década de 1850, los artesanos tuvieron una gran participación en la acción política, a tal punto que su apoyo fue esencial para realizar el golpe militar del general José María Melo en 1854. Esta decisión de apoyar a los liberales draconianos se originó por una constitución en la cual no habían tenido en cuenta a este factor tan importante para la época, pues la constitución se caracterizaba por el libre cambio que afectaría notablemente a los artesanos. Además, hubo también una decisión del ejército de atestar un golpe militar, pues esta institución se reducía a 800 hombres y se eliminaban los oficiales de carrera. Debido a que en esta constitución no se tuvieron en cuenta ni a los artesanos ni a los militares, se ve en peligro su estabilidad con el golpe de Estado y con la guerra civil emprendida por la alianza constitucionalista: los Gólgotas y los conservadores.

Los cafetaleros
Los caficultores son un factor real de poder muy importante en la historia colombiana, pues Colombia, al ser un país dependiente de las ventas de café en el exterior, tuvo que empezar a tener en cuenta en todas sus decisiones, no sólo económicas sino también políticas, a los hacendados cafetaleros. Ellos han tenido un poder tan grande, que les permitió ser el primer gremio económico del país en 1927, y les otorgó posibilidad de establecer que toda decisión tomada por el jefe de Estado y sus ministros, también tiene que ser consultada con el presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, ya que las decisiones no podían afectar el comercio y la venta de café y, mucho menos, los intereses de los grandes hacendados del país.


Las guerrillas, paramilitares y narcotráfico
Estos tres grupos son establecidos como factores reales de poder, porque son tres fuerzas que han sido capaces de poner en jaque al Estado Colombiano por hacer hostigamientos a la población, por la perturbación del orden público y de la seguridad, y por la corrupción que generan dentro de las instituciones estatales. Su poder radica en que tienen incidencia directa en la toma de las decisiones del gobierno, porque han influido en la formulación de leyes que vayan acorde con sus intereses y por hacer que la rama judicial emita sentencias que los beneficien (Patiño, 2010).

El gremio empresarial
Con un sistema de mercado globalizado regido por el neoliberalismo, los empresarios han empezado a tener un gran papel en la toma de decisiones de los gobiernos, pues éstas no pueden afectar sus intereses; así, con las políticas públicas se debe favorecer la obtención de ganancias y la acumulación de capital, como también una baja responsabilidad por los desastres económicos y financieros. El gremio empresarial es un factor real de poder, puesto que a la hora de dar garantías a los trabajadores, de aumentar el salario mínimo y los impuestos, se debe consultar a los representantes de las empresas para determinar si estas medidas que son dirigidas a la clase media, sí van conformes a los intereses de la élite económica y no van en detrimento de su capacidad de seguir acumulando capital.

Dentro de este factor también se debe tener en cuenta a las compañías extranjeras que hacen inversión en el país, pues el Estado sacrifica muchas políticas públicas que pudieran generar bienestar social, para poder atraer a los inversionistas y estimular la economía. El problema es que no se tiene en cuenta el interés general al conceder títulos de explotación, al permitir la destrucción del medio ambiente y al no castigar las expropiaciones de tierra, problema que se ve agravado porque no se utilizan los ingresos fiscales aportados por estas empresas para hacer una distribución equitativa y mejorar las calidades de vida de toda la población.

La política en la historia de Colombia se ha caracterizado por ser una política que excluye y propugna por homogenizar a la sociedad, a la vez que la divide entre opositores. Ha servido como instrumento para derrotar y eliminar del sistema político al de ideología distinta. Esto se evidencia en las constantes disputas y guerras entre conservadores y liberales para consolidarse como único ostentador del poder, generando una violencia rural que desembocó en milicias y guerrillas que han mantenido vivo el conflicto por más de 50 años (Palacios et al, 2002). Gracias a esta política de amigo-enemigo (Schmitt,1998) no se pudo dar una centralización del poder y una unificación de intereses entre toda la población, lo que contribuyó a que desde la fundación del Estado Colombiano se formaran instituciones jurídicas y políticas que no reflejaban los intereses sociales, sino los de una minoría.

Esta forma de política también contribuyó a que se descuidaran aspectos importantes del Estado, como la recaudación de impuestos y el control de la totalidad del territorio, dos ámbitos relacionados, puesto que debido a que los gobernantes estaban dedicados más a eliminar a esos otros factores reales de poder, no se preocuparon por consolidar el Estado y llevar sus instituciones a todos los rincones del país. Además, el ejército tenía un papel secundario debido a la cultura legalista antes mencionada, por lo que Colombia nunca contó con un brazo armado fuerte y numeroso que pudiera controlar a toda la población y mantuviera el orden.

Colombia, aunque ya dio una apertura a otras alternativas políticas y a la participación del pueblo con la Constitución de 1991, todavía tiene que reformar su concepción de democracia y entenderla desde la integración política de los factores reales de poder que operan conforme a la ley, pues si se llega a establecer esta democracia, basándose en la justicia social, se puede lograr que al construir una nueva constitución ésta esté en armonía con la realidad.

Conclusión
Colombia a pesar de ser reconocida por su normativismo, ha vivido constantemente en la inestabilidad institucional, ya que desde el inicio de su vida como república independiente, el país se ha enfrentado a desafíos de tinte político como la discusión entre centralistas y federalistas, y, posteriormente, entre conservadores y liberales que provocaron la fractura de la organización estatal e impidieron que la república naciente se convirtiera en un Estado fuerte y verdaderamente independiente.   

La historia del constitucionalismo colombiano demuestra que las cartas políticas no han sido resultado del consenso de la población, sino que han sido producto de los deseos de los vencedores de las batallas entre partidos políticos. Esto trajo consigo la apertura de la brecha entre la constitución escrita y la realidad de la mayoría del pueblo, generando una disminución en la legitimidad y efectividad de la carta política, lo cual impulsó el surgimiento de caudillos regionales y de guerras civiles que conjuntamente contribuyeron a la descomposición de la hoja de papel y por consiguiente al debilitamiento de las instituciones.

Debido a que las constituciones no integraban a todos los factores reales de poder, la crisis institucional se vio materializada a través de los constantes procesos de revolución y contrarrevolución. Revoluciones impulsadas por el partido excluido, utilizando medios violentos, que generaban un cambio drástico en la estructura del Estado, y contrarrevoluciones que eran procesos rápidos de la élite gobernante para debilitar los procesos revolucionarios del opositor. Todo esto generó graves efectos que hoy todavía permanecen, y son las crisis de estabilidad que no permiten que el Estado ejerza autoridad en todo el territorio nacional, dándole espacio a diferentes grupos insurgentes para ejercer la autoridad y obtener la legitimidad de esa parte de la población que ha sido olvidada.

Aunque con la Constitución del 91 se da por primera vez una participación abierta de toda la población y una inclusión política, el Estado colombiano debe brindar garantías a la población para que participen en la toma de las decisiones y no sean perseguidos por sus ideas políticas. Además, debe acercarse a las regiones olvidadas, no sólo a través de la presencia militar sino también institucional, para que los excluidos conozcan y crean en sus autoridades y se arriesguen con la participación ciudadana, para debilitar a los grupos para-estatales que han sumergido al país en una historia de dolor y sangre, pero también para poder construir entre todos un verdadero Estado Social de Derecho.



Bibliografía.

Lassalle, F. (2006). ¿Qué es una Constitución?. México: Gernika.

Palacios, M. & Safford, F. (2002). Colombia: país fragmentado sociedad dividida. Bogotá: Norma.

Patiño Villa, C. (2010). Guerra y construcción del Estado en Colombia 1810-2010. Bogotá: Universidad Militar Nueva Granada.

Schmitt, C. (1998). El concepto de lo político. Editorial Alianza.


[1] Este artículo es una versión del trabajo final de la asignatura “Dogmática constitucional” ofrecido el primer semestre de 2012.
[2] El normativismo jurídico entiende al Estado como una reunión de relaciones jurídicas, llegando al punto de afirmar que el derecho y el Estado son idénticos, del cual es heredero el Estado colombiano.
































Ensayo: la droga y el voto en blanco a la luz de algunas nociones propuestas por Lasalle en ¿Qué es una constitución?

Articulo recibido: abril 31 de 2012
Articulo aceptado: junio 21 de 2012

Este ensayo abarcará algunas nociones desarrolladas por Lasalle en ¿Qué es una constitución? y conectarlas con problemáticas actuales a nivel colombiano y mundial. Nociones tales como los factores reales de poder, la divergencia entre una constitución escrita y una real, y los problemas que de allí derivan; el fenómeno denominado pseudoconstitucionalismo, y su vigencia en la actualidad colombiana; el desenmascaramiento y las consideraciones sobre una constitución escrita, buena y duradera. Tales nociones suscitarán reflexiones concretas en torno a un fenómeno mundial como la droga, y otro más local como el voto en blanco[1].
Palabras clave: Lasalle, factores reales de poder, droga, voto en blanco, pseudoconstitucionalismo. 
David Antonio Rincón Santa
Estudiante de tercer semestre de Ciencias Políticas.
Universidad Pontificia Bolivariana.
dars_052@hotmail.com

Essay: drugs and blank vote to light of some notions proposals by Lasalle in What is a constitution?


Abstract
This essay will cover some notions developed by Lasalle in What is a constitution? current issues and connect with Colombian and global level. Notions such as real factors of power, the difference between a written constitution and real, and the problems that flow from it, the phenomenon known pseudoconstitucionalismo, and currently in force in Colombia, the unmasking and considerations of a written constitution, good and lasting. Such notions suscitarán concrete reflections around a global phenomenon as the drug, and another local and blank votes.

Keywords:
Lasalle, real factors of power, drugs, white vote, pseudoconstitucionalismo.

Introducción
El presente ensayo se desarrolla a partir de la obra de Ferdinand Lasalle titulada ¿Qué es una Constitución? Lasalle fue un político y abogado alemán del siglo XIX de línea socialista, quien participó en la fundación de la Asociación General de Trabajadores Alemanes en 1863, y quien, posteriormente, pasaría a formar el Partido Socialdemócrata de Alemania[2]. El texto desarrollado a continuación presenta y explica algunas de las nociones sobre las cuales reflexiona Lasalle en el ámbito constitucional, tales como los factores reales de poder, la Constitución real, la mera “hoja de papel”, el pseudoconstitucionalismo, el desenmascaramiento, entre otros. Pero también va un poco más allá, y conecta tales reflexiones con la situación política actual, tanto colombiana como mundial. De este modo, se hace una crítica a la tradición legalista que caracteriza el ejercicio constitucional en Colombia –al pretender resolver los problemas de poder con meras normas escritas–, se hace un llamamiento a todos los Estados a considerar un factor tan real de poder como lo es el tráfico de drogas, y se presenta una mirada crítica sobre el voto en blanco.

El trabajo pretende no solamente traer a colación algunos elementos de la teoría política y del Derecho, sino conectar tales elementos con las realidades sociales, políticas y culturales que viven tanto la sociedad colombiana, como la mundial. También busca llamar la atención sobre dos factores políticos a los que no se les presta la suficiente atención, o que se atienden de manera errónea e ineficiente: las drogas y el voto en blanco.

Factores reales de poder
La teoría de Lasalle (2006) procura desentrañar y aclarar lo que en esencia es una Constitución, para lo cual recurre a un concepto fundamental en su obra, los factores reales de poder,
Los factores reales de poder que rigen en el seno de cada sociedad son esa fuerza activa y eficaz que informa todas las leyes e instituciones jurídicas de la sociedad en cuestión, haciendo que no puedan ser, en sustancia, más que tal y como son. (Lasalle, 2006: 61)

De allí Lasalle deduce que lo esencial de una Constitución radica en la suma de esos factores reales de poder que rigen en determinada sociedad. Es decir, la ley fundamental reside en los juegos de poder que se dan en el seno de un orden social, entre sus distintos estamentos, llámense iglesia, burguesía, obreros, empresarios, ejército, monarquía, entre otros.
Dada la cantidad de factores que pueden estar presentes en una sociedad, es necesario aclarar algo de suma importancia, a saber, que los factores de poder son distintos de acuerdo a la sociedad que se analice. Esta es la razón por la cual fracasan muchos de los modelos traídos del exterior que se implementan en una sociedad, porque algo que funciona en Francia sin problemas, no necesariamente tiene que funcionar con iguales resultados en Colombia. De tal manera que la Constitución de un país es sólo de ese país y no de ningún otro, debido a que es sólo en esa sociedad donde residen los factores reales de poder que fundamentan su Constitución.

Constitución real y hoja escrita
De acuerdo con la definición de Constitución real, es necesario averiguar el lazo que existe (o se ausenta) entre ésta y la Constitución escrita. En la medida que tal documento atienda o no a esos factores de poder, puede ser una Constitución verdadera pues, de lo contrario, podría convertirse en una simple “hoja de papel”, como lo denomina Lasalle. Para este autor, lo importante no es que se escriban Constituciones a diestra y siniestra, sin tener en cuenta la manera en que se distribuye el poder –cosa que puede hacerse en 24 horas sin ninguna dificultad–, sino que tales Constituciones escritas, estén de acuerdo con los factores reales y efectivos del poder, objetivo que se logra atendiendo a la manera en que estos actúan en el ámbito social.

Sin embargo, existe una desconexión alarmante entre lo que sucede en la realidad social y lo que se escribe o rige en la letra, situación que desemboca en consecuencias nefastas para la sociedad, o para ciertos estamentos de la misma. A continuación, se mencionan algunas de estas consecuencias explicadas por Lasalle, y se hace una analogía con la situación actual de Colombia y del mundo.

Del hecho al Derecho
Una de las consecuencias que trae el ignorar los factores reales de poder y redactar Constituciones alejadas de la realidad social, consiste en pensar que los problemas constitucionales se resuelven en el papel y no en el plano real. Tal como lo evidencia Lasalle,
Los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho, sino de poder, la verdadera Constitución de un país reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen. Y las Constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social. (Lasalle, 2006: 107).

Según estas líneas, pareciera que el autor se refiere a la realidad constitucional colombiana, en la que se cree que al llenar el ordenamiento jurídico de normas constitucionales se solucionan todos los problemas imperantes en la realidad, como si al expedir normas y leyes se resolvieran asuntos tan graves como la restitución de tierras, el aborto, la eutanasia, el conflicto armado, entre otros. Desde la óptica de Lasalle, debería ocurrir algo muy distinto, a saber, que la Constitución debería acoplarse a los distintos factores de poder que rigen en la sociedad colombiana.
Lo anterior deja en evidencia la cultura legalista que impera en Colombia, la situación de creer, casi a ciegas, que todo se resuelve en el papel, y no sólo en el papel legal, sino en el constitucional –porque desean que todas las normas que se expidan gocen de la supremacía y la rigidez que les otorga la Constitución–. No resulta extraño escuchar los comentarios de la gente de a pie, quienes aseguran los problemas no se solucionan por la ausencia de una norma que los regule. Estos comentarios pueden ser válidos, siempre y cuando dichas normas atiendan a la configuración de los factores de poder en la sociedad.

En esta trivial situación puede reflejarse la disyuntiva trazada entre las teorías de Lasalle y de Kelsen. Este último se inclina más por la ficción jurídica, que por la realidad y los factores de poder a los cuales Lasalle reduce la esencia de la Constitución. De la misma manera, y continuando con la actualidad colombiana, surge a la luz un problema fundamental, consistente en creer y pensar que la legalidad brinda más legitimidad, como si la cantidad de normas determinara el nivel de aceptación y de impacto de éstas para con la sociedad. Como si por el mero hecho de que la Constitución consagre la vida y la educación como derechos, éstos se cumplieran eficazmente en todo el territorio colombiano.

Es en esta dicotomía legitimidad/legalidad, Lasalle/Kelsen, realidad/normas, factores reales de poder/hoja de papel, en la que se enmarca un gigantesco problema de hecho, que pretende solucionarse como un problema de derecho, ya no solo a nivel colombiano, sino a nivel mundial: la droga.

La droga como factor real de poder
Aunque en un principio se hace referencia a que cada sociedad cuenta con sus propios factores reales de poder, sería necio y miope ignorar que la actualidad data de un mundo global cada vez más interconectado, situación por la cual hay factores reales de poder que ya no se reducen al ámbito de un Estado, sino que superan las fronteras del mismo y actúan con igual o mayor fuerza en distintas sociedades. Tal es el caso actual del tráfico de drogas.

Antes de hacer unos apuntes al respecto, es necesario dejar en claro otro de los puntos de la teoría de Lasalle, el cual es fundamental para comprender la razón por la cual las Constituciones escritas cambian, y es porque los factores de poder también cambian y, “al transformarse los factores reales de poder se transforma la Constitución vigente en el país” (Lasalle, 2006: 89).

Ante este hecho claro de que los factores reales de poder mutan, es necesario que se tenga esto en cuenta y las Constituciones también se transformen, cosa que al parecer no se ha podido lograr con el problema de la droga. Al no incluir un factor real de poder, tal como lo es la droga, ésta se prohíbe y todos los procesos que a su alrededor se configuran se castigan como ilegales, trayendo consigo costos tan altos para la sociedad como la violencia creciente que sufren países como Colombia y México, dos de los casos paradigmáticos. De manera que es necesario abrir la puerta constitucional a este factor real de poder que ya ha desbordado el poder mismo de los Estados y de sus Constituciones escritas.

A quienes les asusta tal perspectiva de la legalización de la droga, cabe recordar el ejemplo del tráfico ilegal de alcohol en los Estados Unidos de América. Y si bien es cierto que recién legalizado tal producto, el consumo se disparó, luego se redujo y se mantuvo en niveles normales. El mismo ciclo podría generarse con la droga, agregando el hecho de que podría ser una entrada de grandes recursos. Para no dejar cabos sueltos, aunque bien es cierto que estos temas generan grandes controversias, cabe aclarar que la droga, legal o ilegal, produce los mismos efectos, e inclusive puede que más nefastos, debido a las condiciones en que se produce y consume actualmente; los mismos efectos pueden imputársele al alcohol, que para llamarlo como lo que es realmente, es una droga legal.

La máscara del pesudoconstitucionalismo
De acuerdo a la gran problemática que representa el desligamiento entre la Constitución real y la escrita, es menester abordar uno de los puntos neurálgicos propuestos por Lasalle, el pesudoconstitucionalismo. Éste consiste “en que el Gobierno proclame lo que no es; consiste en hacer pasar por constitucional a un Estado que es, en realidad, un Estado absoluto; consiste en el engaño y la mentira” (Lasalle, 2006: 152). El ejemplo empleado por Lasalle del Estado absoluto bien debe ser aplicado para su época y no para la realidad colombiana actual. Pero tal cuestión no es la que interesa, sino el hecho de que los gobiernos estén constantemente cubriéndose de máscaras y mentiras que no dejan ver lo que en realidad son.

Tal ocurre, por ejemplo, cuando un presidente dice –no se sabe si consciente de su cinismo, o ignorante de su condición– que “tiene el poder para hacer tal o cual cosa”, cuando bien claro está que se encuentra limitado por otro tipo de fuerzas como las empresas multinacionales, o los órganos internacionales que presionan a los gobiernos y los llevan por ciertos caminos. Sobre este punto Habermas (1999) llama la atención,
“Con el más reciente impulso de la desnacionalización de la economía…Los gobiernos tienen cada vez menos influencia sobre empresas que toman sus decisiones de inversión en un horizonte de referencia globalmente ampliado” (Habermas, 1999: 100).

Sería alentador en este panorama un dirigente que tomara su puesto, y dijera claramente a su pueblo que el poder no lo detenta él sino alguien por encima de él pero que aun así va a hacer lo humanamente posible por su pueblo. Tal reflexión que introduce Saramago (2006) en Voces contra la globalización, encaja en gran medida con la propuesta que hace Lasalle ante la máscara del pseudoconstitucionalismo que se presenta a continuación.

¡Hablemos claro, las cosas como son!
“Frente a esta mentira y frente a este poder, no hay más recurso absoluto e infalible que descubrir el engaño; el procedimiento es bien sencillo, pues solo consiste en destruir una apariencia, haciendo imposible la continuación de aquellas formas engañosas y cortando así el paso a sus efectos desorientadores. Consiste en obligar al Gobierno a quitarse el velo de la hipocresía, presentándose formalmente ante el país y ante el mundo como lo que en realidad es” (Lasalle, 2006: 152).

La solución consiste en arrancar la fachada y la mentira, como quitándole capas a una cebolla, para descubrir “lo que en realidad es”. El lenguaje y la manera de nombrar las cosas son indiscutiblemente dicientes a la hora de saber los entramados de poder que rigen una sociedad, razón por la cual es indispensable que se llame al gobierno por lo que es: una gran cantidad, aunque no todos, de hombres preocupados por sus propios intereses, corruptos, que obvian las peticiones del pueblo, que toman medidas en contra del interés común, o se inclinan sobremanera por los intereses de algún sector. Lo asombroso de este asunto es que los colombianos, aun sabiendo la calidad de gente que pretende gobernarnos, reduce la política a las urnas, y acude a ellas cada dos o cuatro años, para votar por el candidato menos corrupto, esbozando la excusa de que lo hacen a falta de otro mejor.

¿Cómo afrontar esta situación?, ¿cómo frenar el gobierno de esta clase corrupta y muchas veces incompetente? Los factores de poder que rigen la sociedad colombiana hoy distan en gran medida de los que regían la sociedad de Lasalle, tanto temporal como geográficamente, razón por la cual la solución, aunque en esencia muy parecida, no es la misma exacta y formalmente. Pero antes de abordar este tema es necesario referirse a la manera en que ha de llevarse a cabo tal solución, acudiendo a la diferenciación que Lasalle hace entre el poder organizado y el inorgánico.

Esta diferencia es la que se encuentra entre el poder de la nación, muy fuerte y grande, pero desorganizado; y el poder del ejército –mano armada del Estado–, quizá más pequeño, pero organizado y por eso más efectivo. Tal distinción explica el fracaso de muchas de las revoluciones llevadas a cabo por las masas, que se agitan en momentos de calor y parecen enfilarse hacia la consecución de grandes fines, pero finalmente dejan entrever su desorganización, su gran falencia. Esta oportunidad es aprovechada por el Gobierno para echar hacia atrás los logros de la nación y frustrar sus esperanzas de cambiar el statu quo. Es por lo tanto indispensable para la solución que a continuación se perfila, que el pueblo, en caso de llevar a cabo tal acto, se organice, lo haga con conciencia y sepa qué es lo que quiere lograr, hacia dónde quiere orientar sus esfuerzos y, en definitiva, cómo quiere jugar con el balón de la política cuando lo tenga en su campo nuevamente.

El voto en blanco, ¿la solución?
Ante la situación de la Cámara de Diputados –escogidos por el pueblo, y representantes del mismo– frente al Gobierno, que ignora sus decisiones, rechazando la denegación de impuestos hecha por el Parlamento, y sosteniendo el gobierno de la mentira (un Estado absolutista con apariencia constitucional), es decir, un pesudoconsitucionalismo, Lasalle propone un remedio que no le hace mal a nadie: que la Cámara proclame las cosas tal y como son, deje de sesionar hasta que el Gobierno deje de ignorarla, y arrancarle su máscara, su pseudoconsittucionalismo. De otro modo, la Cámara ejercería una suerte de colaboracionismo con el gobierno, sirviendo de cómplice, cosa mucho más grave que las atrocidades del gobierno, en la medida que la Cámara actúa como representante del pueblo.

A partir de la propuesta de Lasalle, puede construirse una analogía frente a la situación política actual en la que se encuentra el pueblo colombiano, y muchos otros pueblos del mundo, en la cual el Gobierno no escucha sus demandas, que deberían ser exigencias para quienes dicen ser sus representantes (éste es el fundamento de la democracia representativa). Tal analogía consiste, no en que la Cámara deje de sesionar, sino en que el pueblo deje de votar por la clase corrupta y por los mismos dirigentes que gobiernan siempre; es decir, que el pueblo haga uso del voto en blanco como una forma de protesta, remedio que no hace daño a nadie, como la de Lasalle.

Ante porcentajes alarmantes de abstencionismo –otra forma de protestar callados– el sistema electoral y político no colapsa. ¿Pero qué sucedería si esa cantidad se convirtiera en votos en blanco? El sistema se vería obligado a reevaluar sus presupuestos y el balón de la política volvería a su campo de juego original: el pueblo. Ésta sería una acción política importante, que comenzaría con el paso previo de hablar claramente y decir las cosas como son. Tal como lo dice Lasalle,
“Toda acción política importante consiste en eso, en proclamar la realidad de las cosas, y comienza siempre así. Del mismo modo que la política mezquina y ruin consiste en silenciar y disfrazar temerosamente la cruda realidad.” (Lasalle, 2006: 160).

Ocurre en este caso algo similar a lo que acontece cuando un ser humano es picado por una serpiente, y requiere de su mismo veneno para curarse. En el pueblo se encuentran tanto el problema como la solución. Es el pueblo el que actualmente sigue votando por una clase corrupta y que no trabaja en pro de los intereses colectivos, sino de sus intereses particulares. Por ende la responsabilidad de que el Estado no trabaje en pro de la sociedad es compartida, tanto de la clase corrupta, como de los ciudadanos que la eligen. Pero, es el pueblo mismo quien al poseer el veneno, posee su cura: al hacer uso del mismo mecanismo electoral (el voto), pero con miras a otros objetivos, está haciendo uso del remedio para acabar con la indiferencia de los gobernantes. Ante una oleada de votos en blanco, ¿qué pasaría? Es una cuestión política que amerita analizar con detenimiento. Pero por ahora, basta comprobar los efectos de tal acción en un pequeño municipio, y el asombro causado en la sociedad, tal como ocurrió recientemente.

En el mes de octubre de 2011, en el municipio de Bello (Antioquia) se vivieron sucesos que materializan esta solución. Bien puede juzgarse que fue una de las candidatas inhabilitadas la que promovió a sus electores para hacer que ganara el voto en blanco, y que por ende el hacer uso efectivo de este “remedio”, no nació del pueblo sino de uno de sus dirigentes. Pero bien pudo evidenciarse que fue el pueblo quien decidió qué gobernante quería, sin importar lo que los instrumentos jurídicos lograron inhabilitar. Allí el país pudo evidenciar en cierta medida lo que significa y lo que vale el voto en blanco. Ya no hay cabida para la disculpa de que se vota por alguien porque no había otro mejor, sino que puede votarse en blanco como manera de protestar, hasta llegar al punto de hacer repetir unas elecciones en las que haya alguien que valga la pena para aquellos que votaron en blanco, de modo que, como se dijo antes, el balón de la política retorne al campo que pertenece, el del pueblo.

Conclusiones
Llegado al final de las consideraciones que se tenían previstas, cabe deducir un par de conclusiones acerca del tema constitucional siguiendo la línea teórica[3] de Lasalle. Queda claro entonces, que la Constitución de una sociedad es, en esencia, la suma de los factores reales y efectivos de poder, y que cuando una Constitución escrita obvia tal hecho, se convierte en una mera “hoja de papel”. En segundo lugar, se concluye que aquel gobierno que se llame representativo tiene por obligación oír y atender las peticiones del pueblo, y que cuando tal no suceda y se enmascare el gobierno bajo una fachada de pseudoconstitucionalismo, debe ser desenmascarado, para que se traten las cosas tal y como son; de lo cual se deduce que el balón de la política debe estar en manos del pueblo, y si es necesario recuperarlo, una de las vías puede ser el voto en blanco. Por último, es de gran utilidad terminar el texto con las consideraciones de Lasalle sobre cuándo una constitución escrita es buena y duradera, anotaciones que pueden alumbrar el estudio del constitucionalismo colombiano: “cuando esa Constitución escrita corresponda a la Constitución real, a la que tiene sus raíces en los factores de poder que rigen en el país” (Lasalle, 2006: 94).




Bibliografía

Habermas, Jürgen 1999 “La inclusión del otro”. Editorial Paidós.

Lasalle, Ferdinand 2006 “¿Qué es una Constitución?”. Editorial Gernika.

Saramago, José 2006 “Voces contra la globalización. Los amos del mundo.” Versión en línea: http://www.youtube.com/watch?v=CtNnvBh_ucM





[1] Este artículo de reflexión fue presentado como un ensayo en la asignatura “Dogmática constitucional” dictada –durante el primer semestre de 2012- por Claudia Milena González en la Universidad Pontificia Bolivariana. A ella doy las gracias, tanto por el apoyo brindado para presentar el artículo, como por la invitación a debatir y reflexionar críticamente sobre la realidad colombiana y su constitucionalismo.
[2] La fundación de este partido la hizo con la colaboración del movimiento nacionalsocialista obrero.
[3] Aunque bien valdría decir práctica en lugar de teórica por la connotación que tiene para Lasalle lo que sucede en la realidad, más que en lo escrito.