lunes, 1 de diciembre de 2014

“Salgo con dios, y si no regreso, me fui con él”. Crónicas de la violencia en guacarí: una vision de las percepciones de la población

Resumen
En este artículo se presentan los principales hallazgos de un proyecto de investigación realizado en el municipio de San Juan Bautista de Guacarí (Valle del Cauca) buscando describir las modalidades de violencia homicida que están presentes en el municipio, además de recoger las percepciones, vivencias y actitudes de la población frente a la violencia homicida de la  localidad. Este municipio del Valle del Cauca  ubicado en el centro del departamento, sufre una oleada de violencia por la disputa de territorios y  empoderamiento de los actores armados que allí confluyen desde hace varios años. Se trata entonces de entrelazar las metodologías cualitativas haciendo uso de una revisión documental del diario El País Cali, el periódico de Buga y la etnografía realizada en el municipio. El principal hallazgo de este estudio fue la identificación de la dinámica de violencia en la que está inmerso el municipio y que se perpetúa en el tiempo (periodo estudiado), además de la identificación de algunas organizaciones que están en relación con la violencia homicida, además de cómo estas hacen parte de la socialización temprana de niños y jóvenes del municipio.

Palabras claves: Violencia, Violencia homicida, Percepciones, Actitudes, Microtráfico. 
Artículo Recibido: Junio 2014   Artículo Aceptado: Agosto 2014

 Revista 09
Paula Andrea Joya Naranjo [1]
Socióloga
Universidad del Valle
paulajoyaunivalle@gmail.com

“I am going with God, if I don´t return, I leave with him”. Violence chronicles in the municipality of Guacarí (Valle del Cauca, Colombia): a vision from their inhabitants perceptions.

Summary
This article describes the main findings of a research project in the municipality of San Juan Bautista de Guacarí (Valle del Cauca) seeking to describe the modalities of homicidal violence present in the town, in addition to collecting the perceptions, experiences and present attitudes of the population towards homicidal violence in the town. The municipality of Valle del Cauca in the center of the department, suffered a wave of violence over disputed territories and empowerment of armed actors that come together for several years. It is then entwine qualitative methodologies using a desk review of El Pais Cali, Buga newspaper and ethnography conducted in the municipality. The main finding of this study was the identification of the dynamics of violence in which is immersed the town and which is perpetuated over time (study period), along with the identification of some organizations that are related to homicidal violence, as well how these are part of the early socialization of children and youth of the town.


Keywords: Violence, homicidal Violence, Perceptions, Attitudes, Experiences, microtrafficking.



Introducción



Guacarí, municipio ubicado en el centro del Valle del Cauca, ha vivido desde finales del Siglo XX una dinámica de violencia que se caracteriza por la multiplicidad de actores que –como se mostrara en este artículo- se proponen lograr el dominio económico y territorial en el municipio. La perspectiva que se propone utilizar consiste en mostrar al lector una visión general de la experiencia de violencia desde el análisis de testimonios recogidos en el terreno: qué se vive en el municipio, la gente qué observa, qué escucha. El análisis se dirige hacia las percepciones, actitudes y vivencias que tienen los pobladores sobre el contexto de violencia.

Para realizar este trabajo estuve dos años conociendo y acercándome a los habitantes de este municipio, utilizando la etnografía como estrategia de aproximación analítica. Llegué a Guacarí por amigos los cuales hacían parte del colectivo cultural Calambuco.  Así,  y poco a poco, pude ir acercándome a sus habitantes, desde los más jóvenes hasta los adultos. Las personas a quienes entrevisté me ofrecieron una perspectiva comparativa entre un antes de la violencia, y el presente de la localidad.
La violencia del municipio se caracteriza por una disputa territorial entre dos organizaciones criminales que operan en la localidad, las cuales buscan empoderarse del territorio de consumo y venta de drogas ilícitas (Microtráfico), estas organizaciones poseen una historia de más de cincuenta años en Guacarí siendo unos de los principales responsables de las distintas actividades delictivas que se viven en la población.
Inicié la etnografía en 2012. Tras un primer análisis sobre las dinámicas de la violencia en el municipio, mi objetivo era entender por qué la población no parecía sentir molestia alguna, o por lo menos asombro, frente a hechos como más de 5 muertes diarias o la preocupación de salir de sus casas después de las 10 de la noche. Poco a poco encontré que muchas de estas personas trataban de detener  los impactos de la violencia, o por lo menos poner un grano de arena para ello. Sin embargo, el poco aporte de las instituciones encargadas de atender la conflictividad municipal y una apatía generalizada, sus actividades se fueron reduciendo hasta desaparecer. Durante mi estancia por ejemplo, pude observar cómo un colectivo que buscaba retomar espacios que principalmente se han caracterizado como lugares de consumo, a partir del deporte y la cultura, falló en su intento y abandona las actividades.
Este colectivo “Calambuco” fue fundamental para mi trabajo en el municipio. Sus integrantes venían realizando distintas actividades en pro de retomar el deporte y la cultura como parte fundamental de las actividades que realizan los jóvenes en su tiempo libre, además de retomar espacios que existen alrededor del municipio  que se han perdido por el consumo y la violencia. Ellos me fueron mostrando poco a poco la raíz o la base en la que radicaba el problema de violencia del municipio, el cual se enmarca en un fenómeno tan reconocido en nuestro país como el microtráfico. Tal como lo describe un poblador del lugar, su dinámica es la siguiente:
“La cosa es así: toda la vida han vendido los Pérez Prado[2], pero ahora los de abajo (los Mangos) quieren apoderarse de esto, por eso han iniciado una cacería contra los Pérez Prado, ya han matado a casi todos los viejos solo queda “la chanchu”, una de las tías, ahora los jóvenes que no tienen más de 15 años viven en las drogas y no es para más después de ver a sus abuelos, padres y tíos morir de forma horrible a manos de otros, pero no es solo eso, también roban y si uno no tiene nada te apuñalan. Ellos declararon la guerra contra los de abajo y los están buscando, pero los de abajo no se van a dejar.” (Entrevista # 1, 2012, Guacarí-Valle)
Este problema de lucha territorial por el control del municipio por parte de los de “arriba” (Pérez Prado) y los de abajo (Los Mangos) es el contexto bajo el cual se configura la lógica de la violencia municipal. Tal enfrentamiento se da principalmente por la búsqueda e imposición de poder en el municipio para apropiarse de los lugares de expendio, para ser dueños a cabalidad de la venta y distribución de drogas ilícitas. Tanto culpables como inocentes (muchos de ellos niños y niñas) han caído en como víctimas de la violencia.
Según lo evidenciado en la población existe una lógica de poder y estatus basada en el uso irracional de la violencia como fuente de resolución de conflictos, tanto de las bandas delictivas como de la ciudadanía ya que al sentirse insegura e impotente cae en la mal llamada “Justicia por cuenta propia”. Al observar estas situaciones pude encontrar un fuerte rechazo de la población frente a las autoridades locales que no solo se demostraba de forma verbal sino que llegaba a extremos de hacerse física, es así como la mayoría de las personas que pude conocer tanto jóvenes como adultos parecen sentirse preocupados por el  hecho de que las autoridades no ofrezca una solución oportuna frente a la violencia del municipio generada principalmente por jóvenes que se involucran desde temprana edad en la drogadicción y en pandillas.  Estos jóvenes que no encuentran un eje de control estable se ubican en una doble dinámica como víctimas y victimarios.
Para dar cuenta de la lógica en la que se circunscribe este tipo de representaciones sobre la violencia, en este artículo presentaré los siguientes apartes:

“No ha pasado nada, solo mataron a otro”. Jóvenes y sociabilidad violenta.
Uno de los fenómenos que encontré durante mi trabajo de campo es que en muchos casos los niños y jóvenes vinculados a las bandas de microtráfico -aunque todavía no poseen un criterio sólido para diferenciar el bien del mal- no son obligados a delinquir, sino que la familiaridad con este tipo de actividades es una herencia con la cual deben cargar. Tanto así que muchos de ellos son incitados por sus padres, familiares y amigos en estas actividades ilícitas. Se trata, según algunas de las personas con quienes hablé, de un problema que inicia desde la sociabilidad primaria. Como lo muestra Bourgois en su libro En Busca de Respeto (2003:96) la cotidianidad histórica de consumo de drogas  y violencia en donde crecen los individuos ejerce un poderoso efecto de socialización que se refleja en las nuevas generaciones de jóvenes, a quienes les han transmitido disposiciones, conocimientos y habilidades fundamentales para forjar carreras en el narcotráfico y la drogodependencia.
Para los jóvenes, esta forma de vida en muchos aspectos es más atractiva, ellos ven estas acciones  de  violencia como algo común, como si fuera un tipo de serie de televisión que sirve de entretenimiento para muchos. Un  ejemplo es algo que escuché cuando mataron a uno de los Pérez Prado. Ese día (13 Julio de 2012) se escuchó la sirena (una alarma activada por las comunidades) y la policía tomó rumbo hacia la zona donde viven los Pérez Prado. Más tarde cando pregunté qué había pasado alguien me respondió “Nada, solo mataron a otro”. Para mi esta frase fue una confirmación de que estas situaciones se volvieron parte de la cotidianidad, que mientras no los afecte como individuos no son eventos importantes o no tienen una significación mayor para los habitantes.
Como lo escribe una amiga y residente de la población en un escrito que publicó en redes sociales, para los habitantes del municipio tal significación se expresa en los siguientes términos:
“Es común escuchar cosas como "ammm es que a este lo mataron porque era JIBARO, este era TORCIDO, este porque era MARICA, este porque era MARIHUANERO, ésta está amenazada por PUTA, ésta por LESBIANA, ésta gente participa en negocios de ROBO DE GASOLINA, ABIGEATO, EXTORSIÓN, en fin... Los móviles parecen tantos, y es como si ante nuestro ojo indolente existieran muertes que lográramos entender, digamos casi justificar, por ser las muertes de GENTE QUE ANDA EN MALOS PASOS. Pero yo planteo una pregunta ¿Qué son los malos pasos? ¿Quién determina lo que está muy bien o muy mal? ¿Por qué hay muertes que comprendemos con indiferencia, porque una muerte puede resultarnos razonable?” (Lenis, Carolina. 2012)

Esta justificación de la violencia ha llevado que para muchos jóvenes el hecho de estar en contra de la legalidad o solo en contra de la autoridad, les dé cierto prestigio. Para muchos, el estar vinculado a una de las pandillas se vuelve una posibilidad no solo de trabajo y sustento, sino una posibilidad de reconocimiento y valor frente a los demás. En una conversación que tuve con varios jóvenes que trabajan y estudian en el municipio, pude observar que existe un estereotipo de persona  “mala”  como virtud positiva, algo que ellos definen así:
“como aquí  se trabaja con el concepto de los grandes narcos, hay que ser medio malito para gustarle a la nenita, para ser más interesante,  hay que ser un poco malito para estar en un grupo de elite”. (Conversación grabada, Julio 2012)
Es así como los jóvenes del municipio tienen la idea de que para sobresalir entre los demás deben ostentar y para esto deben ser “medio malitos”, para conseguir de una manera fácil tanto poder como dinero y –según la lógica sexista de este tipo de organizaciones- mujeres.
Es así como se va generando en el inconsciente de la población una normalización de los hechos de violencia que viven los habitantes del municipio, en el siguiente apartado podremos observar cómo se permea este fenómeno en las distintas capas de la sociedad guacariceña y como la ineficacia de las instituciones generan un rechazo de la población hacia la autoridad estatal.

Entre la cotidianidad de la violencia y la ineficiencia de las instituciones.
La normalidad con la que se vive la violencia, y el impacto de la violencia organizada asociada al microtráfico no solo afecta la vida de los jóvenes sino que se permea en todos los ámbitos de la sociedad. Como lo muestra Pereyra,
El control del negocio de las drogas depende de la administración local de beneficios, sanciones y autorizaciones, como el control de los retenes, de la circulación de la droga y de las zonas de operación, el pago de cuotas y la extracción de rentas. Estos procesos eran sostenidos por mecanismos globales de soberanía pero respondían local­mente a determinadas necesidades, aportaban ganancias económicas y utilidades políticas. Los intercambios recíprocos de favores y las mediaciones entre el poder central y los gobiernos estatales y municipales diferían la esca­lada de violencia, y cuando se producía algún asesinato su finalidad era llamar la atención al gobierno para que moderara los controles o a los rivales para que respetaran los acuerdos informales (2012:429).
Según la población, tales acuerdos informales existen en Guacarí y son una de las causas de que se siga reproduciendo la violencia en el municipio, como lo dice un joven muy cercano a una de las hijas de un ex alcalde:
“Ellos quieren apoderarse del pueblo, ellos se metieron con las hijas del ex alcalde y eso era lo que pensaba el pueblo, a una de ellas la mataron ¡Carolina!.... Aquí se sabe quién mata a quien, la misma policía se encarga de tomarse las leyes por las manos de ellos, no como debe ser, los Pérez Prado le pagan a la policía para que les diga cuando hay allanamiento, ellos siempre han tenido ayuda de la ley, yo me di cuenta de un caso de una mansito que ahora ya no está en Guacarí que la misma policía, el man estaba vendiendo droga y para zafarse dijo que eso era de consumo propio y la misma policía lo ayudó le dio un “milo” para que se trabara con eso” (Entrevista Grupal Junio 2012)
Se puede notar que el ejercicio de la ley por parte de las instituciones en la localidad y según algunas personas, en ocasiones de la policía, no se corresponde con la gravedad de los hechos que allí acontecen. Durante el tiempo que pude permanecer en la población la principal acción policial consistió en hacer rondas en el municipio y fundamentalmente en la zona central del pueblo. Es por esto que para muchos habitantes fue un desconcierto total que se presentaran dos muertes  relacionadas con el microtráfico en el parque principal donde se esperaría una acción oportuna frente a un peligro inminente. El anterior testimonio es importante para entender por qué la impunidad rampante, pues existe una a fuerte tendencia de la población a no denunciar los hechos de violencia que ocurren a su alrededor.
El primer suceso de violencia que he mencionado sucedió en los alrededores del parque principal a una cuadra de la estación de policía del municipio. Allí fue asesinado un patrullero de la localidad que según los hechos presentados por el Periódico de Buga murió a causa de una bala en la cabeza. De acuerdo con algunos pobladores este hecho lo cometió uno de los Pérez Prado.
“Llegaron al sitio dos sujetos en una motocicleta y empezaron a disparar contra los cuatro uniformados,  hiriendo de gravedad al patrullero Villa con un disparo en la cara; en la reacción los compañeros hirieron a uno de los sicarios, pero este alcanzó a huir del  lugar con su compañero en la moto que llegó.” El periódico de Buga (2012)
La segunda víctima que pereció en manos de estas bandas criminales en los alrededores del parque (en una hora en la que mucha gente del pueblo departía allí) fue un joven de tan solo tenía 15 años de edad.  Su victimario tiene una edad aproximada. Un habitante narró los hechos de esta forma:
“Es que a uno ya le da miedo, no eran ni las 8 de la noche cuando se bajó un niñito  como de 14 años de una cicla se le acercó a otro y le pegó un tiro en la cabeza delante de todo el mundo y muy normalito se fue se montó a su bici y bajó” (Conversación con habitante, 2013)
Tratando de mostrar la fragilidad de los jóvenes del municipio y el impacto que ha generado la violencia en ellos, se tratara de ver los factores de riesgo que llevan a la utilización de la violencia por jóvenes y niños.
El círculo vicioso: Factores de riesgo e impactos sociales de la violencia.
Como lo muestra UNICEF (2006: 26), para comprender las manifestaciones de la violencia se deben tener presentes algunos de los factores de riesgo (factores que incrementan la posibilidad de ocurrencia de hechos de violencia), tal y como han sido definidos por el Banco Interamericano de Desarrollo (Véase Tabla 01). Dice UNICEF:
Algunos de estos factores de riesgo son causas relacionadas de manera directa con la violencia que viven los jóvenes y niños, mientras que otros constituyen factores asociados. El concepto de factor de riesgo es análogo al de los factores que incrementan la probabilidad de ocurrencia de un hecho violento. Desde el punto de vista del diseño de políticas, las acciones sobre factores asociados pueden ser de gran utilidad particularmente por cuanto, tanto la prevención de la violencia como su atención, tratamiento y recuperación tienen que ser abordados de manera integral, considerando simultáneamente tanto los factores de riesgo que operan en el nivel individual, como en el hogar, en la comunidad y en la sociedad en general.” (UNICEF, 2006: 27)



UNICEF (2006: 29) reconoce  que la conducta violenta se aprende y la primera oportunidad para aprender a comportarse agresivamente surge en el hogar, observando e imitando la conducta agresiva de los padres/madres, así como de otros familiares o incluso de personajes de ficción. Las reacciones de los padres y madres que premian las conductas agresivas de sus hijos e hijas y el maltrato infantil por parte de ellos y ellas son algunos de los mecanismos mediante los cuales niños, niñas y adolescentes aprenden, desde una temprana edad a expresarse en forma violenta. El niño y la niña aprenden a asociar estímulos agresivos con conductas violentas y a responder con violencia a evento s estresantes o a frustraciones.
Dice Bourgois que las interacciones entre la familia, escuela y el grupo de amigos desempeñan un papel fundamental en la construcción e instauración de la marginación social, sobre todo durante la pre adolescencia (2003: 193). Estos hechos se observan principalmente en las condiciones de vida que han llevado y llevan muchos jóvenes y niños del municipio de Guacarí, personas que han crecido en un entorno violento y que desde pequeños empiezan a involucrarse en estas acciones. Esta ha sido la historia de los integrantes de la banda de los Pérez Prado.
Asociado al problema de las drogas, en Guacarí existen dinámicas de violencia que involucran a algunos de los integrantes de las barras de fútbol, principalmente la de los equipos de Cali y América. Como me dijeron dos personas del municipio:
“Es que el problema de este municipio es que los Pérez Prado han manejado el negocio desde siempre y  viene un man de Palmira y arma, distribuye, merca a unos jóvenes de estratos populares que ven en esto una forma de ganar buen dinero, es lo mismo que está pasando con las Barras, eso aquí no se veía, fue este mismo tipo de Palmira que ahora los está organizando, no porque le interese sino que ellos pueden distribuir mejor la droga.”  (Conversación con habitante, 2012)
“Pese a ello, es claro, y ha sido así históricamente, que esta VIOLENCIA genera más VIOLENCIA y aunque pueda parecer cliché quiero ilustrarlo de la siguiente manera, en tanto, debe ser muy TENAZ para un chiquillo de 11, 12 o 13 años ver cómo durante toda su vida ha tenido que estar enfrentado a la muerte de un modo casi interminable, con un duelo a cuenta gotas, irresoluto, casi natural, pues le arrancan de manera violenta a su padre, a su tío, a su abuelo, a su padrastro, a su tía, a su nuevo padrastro, a su otro tío, a su madre, a su primo y por último a su precozmente envejecida y rea?? Abuela.” (Lenis, Carolina. 2012)

Con lo anterior es posible observar que existe una crisis y una fragmentación en las familias y en los jóvenes del municipio donde niños son sumergidos desde temprana edad a estas prácticas, donde el consumo y la venta son parte de su vida diaria. Esta crisis en la que se encuentran los jóvenes del municipio llega al punto que la misma población reconoce la deficiencia en la socialización primaria de los niños y que esto hace parte fundamental de la descomposición social en la que se encuentran. Esto consta en los siguientes testimonios:
“La principal causa de violencia en el municipio es la descomposición familiar, es la principal causa de lo que está sucediendo y segundo  la falta de oportunidades para los jóvenes.” Entrevista # 4 Agosto del 2013
“Yo ubicaría una como la principal causa de violencia es la falta de educación dentro de los habitantes, lo segundo sería la falta de apoyo de nuestros dirigentes digamos nuestros dirigentes políticos el alcalde, el gobierno. Yo creo que una de las soluciones del municipio más que aumentar la seguridad debemos inculcar en los jóvenes las buenos hábitos, las buenas culturas, apoyar a los jóvenes en educación y en cultura donde se formen espacios para aprovechar el tiempo.” Entrevista # 12 Agosto del 2013
Para explicar más a fondo estos hechos, donde los jóvenes del municipio conviven desde temprana edad con la violencia, en el siguiente apartado describiré el entorno y las vivencias en las que se enmarca uno de los principales actores de la violencia del municipio: los Pérez Prado. 

La Historia Familiar de los Pérez Prado: genealogía de las redes familiares y las condiciones de violencia del microtráfico. 
En esta sección mostraré cómo la relación intrafamiliar, el árbol genealógico de la banda de los Pérez-Prado, expresa la forma en que tres generaciones que se relacionan con el negocio de venta y distribución de droga (principalmente marihuana, cocaína y bazuco). En este árbol podemos observar las generaciones que han estado expuestas o han trabajado con el negocio ilícito de la familia, se excluyen algunos familiares que no tienen relación con estas prácticas y aquellos menores de edad que no tienen la facultad de participar ni entender lo que sucede a su alrededor, principalmente menores de 6 años. 


GRÁFICA 1: ÁRBOL GENEALOGICO FAMILIA PEREZ PRADO
(gráficas y fotos en el archivo PDF)

Este árbol presenta tres generaciones principales: los abuelos, en este caso Eduardo y Norberto que iniciaron el negocio o la distribución y venta de marihuana, principalmente desde los años 90 con el auge de los carteles. En ese entonces se dividió el cartel del Valle en dos: el Cartel de Cali y el Cartel del norte del Valle. La familia Pérez Prado  perteneció y apoyó la distribución en la población para el cartel del norte. A partir de estos años, se inicia un negocio rentable  para la familia, tanto así que para los años 90 no hay índices de violencia o de delito que puedan llamar la atención de la comunidad o de las instituciones, haciendo que el negocio de la familia Pérez sea aceptado por los habitantes del municipio.  Como algunos pobladores lo afirman “no se metían con nadie”.
“Todo empezó  a partir de Norberto, el hermano mayor de Eduardo Alias el “Zorro”, el abuelo de los pelaos de ahora; ellos fueron los que empezaron a vender y fumar marihuana, al principio sólo era para ellos, pero después hicieron un negocio muy oculto, pero ahora son muy descarados”.  (Entrevista # 1, 2012)
Ya para este tiempo el negocio creció y no solo los Pérez tenían acceso a él sino que entraron nuevas luchas por territorios sin que estos llegaran a afectar a la población de manera inmediata. Según los acuerdos establecidos entre los distintos jefes de las bandas de la localidad, la guerra era entre ellos: entre los Pérez, Los Mangos y La Esperanza. Estas luchas evidenciaron que la familia Pérez ganó y tuvo por un tiempo más el liderazgo en la venta y distribución de la droga en la localidad, entre tanto, los hijos de Norberto y Eduardo empezaron a manejar y a defender el negocio, claro está, sin el liderazgo de ellos se perdiera:
“Los hijos del “Zorro” se criaron con ese ambiente, vendían y fumaban delante de ellos,  ellos se volvieron así por ver a los papás (Eduardo y Norberto) que  montaron su propio negocio, eso se volvió un despelote, empezó un contrapunteo ahí.” (Entrevista # 1, 2012)
Es de entenderse que los hijos de Eduardo tuvieron más disposición que los hijos de Norberto a asumir este papel que se había trasmitido de generación en generación. Su madre también pertenecía a una familia reconocida en la población como expendedores y consumidores asiduos de sustancias. De otro lado, la mayoría de los hijos de Norberto pudieron salir y no hacer parte de esta “tradición”.
“La esposa del Zorro Eduardo era prima de los Prado, la hermana de ella, Leydi Prado siempre ha vendido vicio, pero no todos son así, Paulina y Patricia (Hijas de Norberto) estuvieron en el negocio un tiempo, una se pagó sus estudios de enfermería y se retiró del negocio, la otra vive en España. La mamá de los hijos de Eduardo también se crio así porque la mamá vendía marihuana y bazuco más que todo, a ellos ya los mataron a todos.” (Entrevista # 1, 2012)


MAPA 1: UBICACIÓN EN EL MUNICIPIO DE LOS PEREZ PRADO
Fuente: Mapa político Alcaldía municipal de Guacarí, 2012
 (gráficas y fotos en el archivo PDF)


El negocio se expandió a medida que se facilita el acceso a diferentes drogas, pero esto no solo da cabida a la expansión del mercado sino que da acceso a otros actores interesados en él. Es por ello que la familia Pérez Prado no solo expandió la cantidad de productos que ofrecían sino también el espacio que  utilizaban para ello, ya no era una sola casa, ya era toda una calle que pertenecía a la familia y que era reconocida como la olla de los Pérez Prado o “Los de arriba” (véase la ubicación del sector en el Mapa 01).

Pero esto trajo consecuencias que podrían ser funestas para la familia. Todo empieza con la muerte de Juan Esteban en el 2006 en una Fiesta de San Roque[3] a manos de los integrantes de la banda del corregimiento de Sonso. Después de esto, los Pérez inician una pelea a muerte con Lucho Palomino, un hacendado del municipio que contaba con mucho dinero, además de ser cliente fiel de la familia  y quien tuvo poderosas razones para iniciar la guerra con ella. Todo se genera por una discusión en un bar entre el hijo de Palomino y uno de los nietos de Eduardo. A raíz de esta discusión, Federico, el nieto de Eduardo, mata al hijo de Palomino y sin mediar palabras cuando este se entera se dirige a la casa de Eduardo y toma la vida de su hija Lina, según los testimonios que me dieron cuenta de esta historia, “en reposición de la vida de su hijo”. Es así como inició una decadencia y extrema lumpenización de la familia Pérez Prado que no deja sino muertos y desesperanza no solo para ellos sino para toda la población.
Como lo muestra Bourgois (2003:103) los conflictos asociados a estas casas de ventas y distribución de drogas no son muy distintas a otros negocios de alto riesgo, cuyas consecuencias desencadenan una espiral de violencia difícil de superar. Dice Bourgois:
Comerciar grandes volúmenes de mercancía a precios asequibles es una tarea monótona y tediosa que requiere un cuerpo laboral disciplinado e íntegro para ser exitosa qué mejor para ello que la familia y más que todos los miembros jóvenes de las familias desesperados por atención y dinero. Como cualquier empresa de esta índole, el tráfico de drogas suele estar plagado de conflictos entre la gerencia y la fuerza laboral, así como tensiones y rivalidades entre empleados en todos los niveles de la jerarquía. Lo único que impide que el trabajo de este tipo se vuelva trivial y rutinario es el peligro omnipresente, el gran margen de ganancias y el tono desesperado de adicción que lo caracteriza. (Bourgois, 2003:103)
Después de las muertes antes narradas, llegan los asesinatos de Norberto y Eduardo por retaliaciones en el negocio de la droga.
“Como a todos les llegó su fin, y lo cagada es que a los tesos los han matado peladitos, como al Eduardo “el zorro” que lo mataron unos niños de 14 años, lo frecuentaron por dos semanas comprando bazuco hasta que llegó el día que lo mataron” (Entrevista # 2, 2012)
Ya para el 2010, inicia otra racha de muerte para la familia comenzando con el asesinato de Francisco, siguiendo con el de Adriana, quien se encontraba en las bancas de la morgue de Buga esperando la entrega del cadáver de su hermano. Allí, sicarios en una moto, le dispararon dejándola muerta a las afueras de la morgue. (El Periódico De Buga, 2010)
De acuerdo con los hechos sucedidos, la tercera generación de la familia toma el control del negocio. Son los llamados a retomar los negocios de sus viejos porque para entonces la tía Chanchu se encontraba en la cárcel, los otros padres estaban muertos y solo les queda su abuela quien se encontraba en casa por cárcel. Esta mujer es la única que queda al “cuidado” de estos jóvenes. Dicen los testimonios que la tercera generación de la familia se adentró en el consumo de drogas de una forma generalizada, desde los más jóvenes hasta los más grandes.
“Los hijos de Eduardo sí los mataron a casi todos “esos son los más podridos”  solo quedó la Chanchu que está en la cárcel, sigue viva porque está presa, ella desde niña es metida en el vicio.” (Entrevista # 1, 2012)
 Con los  primos y hermanos mayores en la cárcel, Federico también es encarcelado por el  asesinato de dos personas (“Los Mellizos”) por una riña relacionada con las drogas. Por último, el ingreso de Mauricio tiene que ver directamente con el negocio de las drogas ya que le encontraron un cargamento de marihuana cuando se dirigía de Palmira a Guacarí. Debido a estos acontecimientos, entra como segundo al mando Juan, quien no estaba muy relacionado con el negocio, pero dadas las circunstancias debió asumir las responsabilidades que tenía sobre sus hombros en este momento por ser el mayor de esta familia.
“Ellos siguieron en eso, los muchachos de ahora están peores a raíz de la muerte del tío, primero mataron al nieto de Eduardo, luego a Eduardo, luego  mataron a Lina y luego mataron a los dos hermanos, los hijos de ellos se quedaron solos y montaron su propio negocio, su pandilla, y ahora el que está mandando eso es Juan, el más sano, era un pelado que no lo dejaban ni salir, la mamá era muy estricta, Juan decidió tomar el mando porque le mataron la mamá, además que ella siempre los acostumbró a la mejor ropa, vestían mejor que los propios ricos, ahora están en guerra los Pérez Prado con los Mangos por manejar el negocio, la otra vez le cogieron la casa a bala a la propia tía, a ellos los mataron a todos por negocios de vicios.” (Entrevista # 1, 2012)
Después de esto, ya la familia no tiene un eje que los controle o los regule sino que actúan bajo el efecto de las drogas y la venganza, pasando por alto las normas que su propio abuelo había establecido que debían meterse o agredir a la comunidad.
 “Los viejos, mantenían en tropel con los Mangos pero ahora son los nietos contra todo Guacarí, hay atracadores, matones, de todo lo que quiera,  ellos son nacidos y criados aquí.” (Entrevista # 2, 2012)
Es así como en el 2011 las autoridades realizan un operativo sorpresa en el que les incautaron 10 kilogramos de marihuana prensada, 25 gramos de bazuco y dinero en efectivo.
“En diferentes partes de la vivienda en mención, fueron halladas sustancias con características similares a la marihuana y el bazuco, empacadas en bolsas plásticas y de papel. Además, dinero en efectivo, ubicado estratégicamente al lado de una ventana y en el armario, billetes y monedas de diferentes denominaciones, producto aparentemente del narcomenudeo” (El Periódico de Buga, 2011).
En este operativo es capturado Byron de 13 años, quien, armado con un revólver  intentaba defender su vivienda.
 “La coordinación inter-agencial con la Fiscalía de la localidad, permitió que mediante diligencia de allanamiento al segundo piso de la residencia ubicada en la calle x número x-x, fuera aprehendido un menor de 13 años de edad portando un arma de fuego, con la cual trató de impedir el procedimiento policial” (El Periódico de Buga,2011)
En el mismo año, los Pérez Prado se dan cuenta que el autor intelectual de los asesinatos de Francisco y Adriana fue la pareja de esta última, quien años atrás también había sido la pareja de Lina. Se trata de Alejandro Casas quien trabajaba para la banda de los Mangos y fue atacado a tiros cuando se encontraba en un sitio reconocido en la localidad como “El Aeropuerto”, sitio al que los habitantes de Guacarí suelen ir después de las fiestas y donde es común el consumo de marihuana. (El Periódico de Buga, 2011)
En el 2012, es asesinado a manos de un sicario alias “Cajon”,  quien intentó huir y alcanzó a correr una calle donde quedó muerto tras recibir dos disparos en el área del abdomen. En el hecho también murió Camilo Duran quien según la comunidad fue utilizado de escudo por Cajon para defenderse del atentado. (El periódico de Buga, 2012)
Este joven alias “Cajon” tan solo tenía 15 años al momento de su muerte y era uno de los líderes de los Pérez Prado antes de este atentado, ya había sido atacado varias veces y siempre en compañía de más jóvenes de su misma edad quienes terminaban heridos o enfrentados con sus atacantes.
Un año antes de este suceso, la vivienda de La Familia fue atacada con una granada que no alcanza a estallar dentro de la misma sino en la calle, dejando cinco heridos por las esquirlas que esta arrojó. Estos hechos demuestran hasta qué punto de violencia llegan los enemigos de La Familia, quienes buscan el exterminio no solo de sus integrantes sino también de su territorio. (El País, 2011)
Meses más tarde, Leydi, la abuela de los Pérez, quien contaba con 61 años de edad, fue asesinada en su casa por un sicario que ingresó hasta la vivienda de la mujer y sin mediar palabra con su víctima procedió a asesinarla disparándole en distintas oportunidades. (El Periódico de Buga, 2013)
Después de este hecho, la familia se dispersó quedando solo algunos de los menores en la cuadra vendiendo y distribuyendo la droga. Poco después, sale Chanchu de la cárcel, y toma las riendas de la familia, pero es poco lo que puede hacer, pues la mayoría de ellos están escondidos y huyendo de sus agresores.
En marzo del 2013, es publicada la lista de limpieza social en la población dirigida supuestamente por las “nuevas águilas negras”, en la cual figuran los nombres de más de 25 integrantes de los Pérez o de personas relacionadas con ellos. Este hecho ha sido explicado por pobladores como una amenaza por parte de los Mangos, debido que de esta organización solo salieron los nombres de las personas más reconocidas de esta, lo que causó una sospecha en la población.
Se puede observar  cómo han cambiado las representaciones de la familia Pérez entre la sociedad de Guacarí, pues la primera generación era considerada como tranquila y respetuosa, en palabra literales “Ellos no se metían con nadie”, pero cuando empiezan las muertes de sus familiares principalmente de la cabeza y creador de esta organización familiar el abuelo “El Zorro” inicia una nueva etapa en la que cada familia individual realiza sus actividades. Es para ese entonces cuando mueren los padres y la tercera generación hace uso de la violencia irracional contra todos a su alrededor.
Pero las retaliaciones no se dieron contra la familia solamente, sino también contra los que la auxiliaban en la consecución de la mercancía para vender. Es así como en 2013 asesinan a “Petersito” y a “Caperuza”, el primero, un joven de 15 años que fue asesinado en el parque principal por un menor de edad más pequeño que se movilizaba en una cicla. “Caperuza”, quien era la pareja de Federico, fue hallado muerto en Palmira cuando se disponía a recoger una mercancía para María, la madre de Federico, quien dirige un expendio en la ciudad de Buga.
Ya para agosto del 2013 acaban con la vida de la sobrina de Ana María Prado, quien era propietaria del video bar la Tertulia ubicado en el sector de la galería del municipio, local conocido por la comunidad como reunión de los “chirris”[4], donde se reúnen los viejos y a alta horas de la noche, llegan los Pérez a terminar su fiesta en este lugar.  Esto llega a tal punto que solo el apellido crea un estigma frente a los habitantes de la comunidad, quienes prefieren alejarse de la familia para evitar el peligro que representa estar cerca de ella.
qué pesar porque esa familia no era así, el hermano menor de Juan no lo   quieren ni recibir en el colegio solo por el apellido.”(Entrevista #1, 2012)
En este caso como lo muestra Bourgois (2003: 193) la  cultura callejera ofrece como alternativa a las instituciones pedagógicas: el grupo de amigos, la cuadrilla protocriminal de jóvenes o pandillas en este caso su propia familia que en efecto vienen a llenar el vacío estructural abierto por la deserción escolar.
En conclusión, es visible que las prácticas de esta familia cambian después de la muerte de  la segunda generación cuando la tercera generación se encuentra sin un eje que los centre y los guíe en el negocio, sino que son movidos por el dolor y la venganza y buscan desesperadamente mantener el poder y el control que siempre ha tenido esta familia en el negocio del microtráfico en el municipio.
Siguiendo con el curso es necesario mostrar un poco sobre Los Mangos la organización rival de La Familia.

 La banda contraria: historia de los rivales.
Después de este recuento de la trayectoria familiar de los Pérez Prado, es importante referir el caso de “Los Mangos”, de quienes no fue posible obtener mucha información debido a la renuencia de la población para hablar de “los de abajo”
 “hacia al lado occidental del pueblo ya se estaba armando, tampoco una escuela de sicariato, pero sí tenía los mejores sicarios de este sector, nosotros le decimos “las favelas”, pues hay muchas casitas y muchas calles, allá es un parche pesado se encuentran armas y hay plomizas la cosa más impresionante, la policía no podía entrar a dar la ronda por que les daban plomo de todas las casas, es tanto así que muchas personas cuentan que a uno de los hermanos de Uribe el “ex presidente”, lo pegaron[5] y el que pegó a ese man fue un man  de Guacarí”.  (Entrevista #2, Junio 2012)
Esta organización delincuencial se encuentra ubicada al otro extremo del municipio, situación que para los habitantes del municipio significa la existencia de  distintas “fronteras invisibles”[6]  en la población (véase Mapa 02).

Las características territoriales que definen la banda de los mangos es narrada por un habitante en los siguientes términos:
“Respecto a esto hubo una serie de sucesos y sujetos que han puesto el pueblo en tensión, igual yo siempre he escuchado que lo que es el barrio los Mangos ha sido colonizados por personas de Cerrito directamente y hay un barrio que queda hacia al nororiente de Guacarí que se llama la Esperanza que ha sido colonizado por los Mangos hubo  hasta una masacre murieron 4 personas y 6 heridas cuando llegó la barrida (limpieza social),lo que sucedió últimamente fue que los Pérez Prado mataron al hermano de uno de los Mangos y este quiso acabarlos pero no pasó nada, la ley llegó y lo cogió, a él lo cogieron con una cantidad de balas, armas, chalecos antibalas, estaba decidido a destruir a los Pérez” (Entrevista # 2, Junio 2012)
Mapa 2: UBICACIÓN EN EL MUNICIPIO DE LOS MANGOS
Fuente: Mapa político Alcaldía municipal de Guacarí, 2012
(gráficas y fotos en el archivo PDF)
Estos actores son una red barrial que se crea a partir de lazos de compañerismo y amistad de jóvenes que crecieron juntos y vieron en este negocio una oportunidad no solo económica sino también de hacerse a un prestigio. Según testimonios de la población, esta organización lleva funcionando muchos años y anteriormente uno de los capos de los mangos se enfrentó con el “Zorro”, donde la familia Pérez Prado logró salir victoriosa para reafirmar su territorialidad en el negocio. En la actualidad, como es posible observar en el fragmento del anterior testimonio, los Mangos han alcanzado un máximo de organización con el cual adquieren instrumentos avanzados para llevar a cabo sus objetivos, entre estos retomar y ganar el territorio de distribución del municipio.  Esta organización también realiza otras actividades delictivas como el robo, el sicariato y según afirmaciones de los pobladores, estuvieron relacionados con paramilitares de la zona y bandas emergentes de la región.
Estas organizaciones delictivas han territorializado el municipio, creando esas  fronteras que antes he mencionado y que delimitan claramente el control de uno y de otro grupo, las cuales dependiendo el horario no pueden ser traspasadas por los habitantes del municipio.
“Evito salir a la calle de siete de la noche en adelante,  no se puede salir en el municipio y mucho menos en la periferia” Entrevista # 4, Agosto del 2013
“Bueno, los horarios a medida que transcurre la noche todo se va volviendo más tenso, más peligroso y los lugares vienen siendo todos los extremos del pueblo, hacia el oriente, hacia el occidente un poco hacia al norte estos sitios son los que más propenso a dar brotes de violencia.” Entrevista # 12, Agosto del 2013
“no salgo en las noches y los puntos que uno conoce como focos de suprema intolerancia como aquí la calle de la avenida x con cuarta, abajo por la tenería[7] hay una parte por aquí abajo por los mangos que después de las 10 de la noche tenés que pagar como mil pesos para poder que te dejen entrar al barrio, entonces tenaz.” Entrevistas #13, Agosto del 2013
“para no ser víctima de la violencia evito dentro del mismo casco urbano del municipio se puede decir que existe una periferia dentro del mismo porque son los barrios como uno dice vulgarmente que están a las afueras de la zona céntrica que anteriormente fueron invasiones y ahora son barrios o prolongaciones de los mismos donde existen los focos de violencia intrafamiliar y de toda índole.”  Entrevista # 14, Agosto del 2013
Se puede concluir que existe un control de los territorios por parte de estas organizaciones delictivas las cuales dividen el municipio según su conveniencia y no permiten el libre acceso a distintos puntos del municipio por la población generando temor y coacción entre los pobladores.

Reflexión final: Respuestas sociales a la violencia organizada, iniciativas juveniles.
Uno de los aspectos más reiterativos de los testimonios que recogí durante mi investigación es que los controles territoriales y el ejercicio de poder de las bandas que manejan el microtráfico y distintas modalides de delincuencia en Guacarí ha llevado consigo a la utilización de niños y jóvenes en las lógicas de la violencia. Este es el reclamo más urgente de la población, y tiene razones de sobra para expresarlo: durante mi trabajo de campo pude observar el consumo excesivo de drogas por parte de jóvenes, niños y niñas manipulados por otros niños y niñas más grandes para robar y otras actividades delictivas.
Frente a esta crítica situación, jóvenes del municipiio expresan su inconformismo a través de  graffitis, los cuales engloban un conjunto de actividades conocidas como arte urbano; esténcil, murales, entre otros. Este tipo de arte no es sólo una expresión artística, sino que al mismo tiempo encierra un carácter simbólico, como una forma de tomarse el espacio y manifestar una presencia y una posición frente a la realidad. Aunque también cabe anotar hay graffitis que sirven a las organizaciones delictivas para reivindicar su territorio o bien para rememorar a quienes han sido asesinados. Como lo dice Bourgois (2003: 97) los graffitis “in memoriam” pintados son la conmemoración de amigos caídos que tienen el efecto de normalizar las dramáticas matanzas públicas. 
Es así como muchos jóvenes de Guacarí se toman las calles para expresar sus miedos, alabar su existencia o presentar lo que es una realidad diaria en sus vidas. A partir de esto, vemos que muchos de ellos están referidos tanto a la violencia como a la existencia de distintos grupos, además de  evocar la presencia de los que ya fallecieron. También encontramos algunos que muestran un descontento social frente a su realidad ya sea dirigida a los violentos o a las instituciones.
Uno de estos graffitis representa el nombre del trabajo de investigación que se realizó en Guacarí pues muestra el constante miedo y agobio que viven los habitantes del municipio al no saber si regresaran con vida cada vez que deciden aventurarse a salir de sus casas. Este miedo y esta constante impotencia que sienten algunos de los pobladores ha hecho resurgir el colectivo cultural Calambuco con un proyecto cultural y artístico enfocado en escribir las memorias del conflicto urbano que padece el municipio a través de la toma de distintos espacios caracterizados por lugares de expendio y consumo donde se propicia la violencia, se busca con esto llamar la atención de los jóvenes de la localidad para que plasmen sus ideas, pensamientos y vivencias por medio del arte urbano (graffitis, muralismo, etc).

Como dice  Vivero, el grafiti “es un espacio de reivindicación de las luchas populares y un llamado a sumarse a dicha resistencia.”(2012: 83), Lo que se hace visible en el caso de aquellos grafitis que intentan mostrar su descontento frente a la política  y los políticos de la localidad. Y si bien es cierto que hay un sinfín de motivos detrás de este tipo de arte, este fenómeno expresa la forma en que muchos pobladores viven la inseguridad de transitar por sus mismas calles, donde el miedo y la indiferencia hacen parte de su cotidianidad. Como lo muestra esta habitante:
“El tema es que cuando la cerca se va cerrando, cuando la brecha que indicaba que entre ESA gente y usted existían sendas diferencias, se va achicando, y a ESOS que amenazaron, y a ESTOS que van a matar, no SON SOLO ya unos pronombres demostrativos externos, sino que se empiecen a causar efectos en nuestra primera PERSONA DEL SINGULAR, y entonces es a MI a quien le toca asombrarse mientras escucho con todo estridor a meras dos cuadras de MI camino una EXPLOSIÓN, o escucho un ejercicio de “GALLARDIA” de unos gañanes que todo el día hacen tiros al aire, o cuando me toque salir corriendo del PARQUE PRINCIPAL por ser TESTIGO DEL DISPARO DE 5 TIROS que le propinan a un joven no mayor de 15 años mientras departo con una amiga en el puesto de perros, o cuando gañanes te persiguen a ver que celular de última tecnología tienes, para rapártelo, para usurpártelo, es allí, en ese momento cuando la INDIFERENCIA NO PUEDE SER MÁS MI AMIGA.”(Lenis, 2012:2)

Sin embargo, como he dicho antes, las acciones de protesta y resistencia la sociedad civil ante la violencia han sido más bien tímidas. Indiferencia, miedo, impotencia son muchos de los sentimientos que abordan diariamente a los pobladores del municipio de Guacarí, donde las instituciones y demás autoridades no dan respuesta a los hechos que se viven cotidianamente en el municipio. Este flagelo en la población los toca a todos, pero muy pocos toman la iniciativa de tener una visión distinta de generar conciencia entre los otros y prefieren fingir que a sus alrededores no sucede nada, es así como se sumerge cada día este fenómeno en la cotidianidad de todos los pobladores del municipio.

“Y la responsabilidad singular donde queda, la de cada uno de nosotros cómplices silentes, temerosos, indiferentes, irresponsables frente al desparpajo, frente al muladar, frente a la ignominia. TODOS desde nuestros distintos lugares aportamos a ser hoy el pueblo de mierda que somos.” (Lenis, 2012: 3)

Para finalizar, bien podría agruparse los problemas de violencia relacionada con los homicidios en dos aspectos: el primero y principal que está relacionado con una falla en la socialización de los jóvenes del municipio, y la segunda con el microtráfico. Estos fenómenos que se juntan en el municipio crean un caldo de cultivo en el cual cada vez los jóvenes se inscriben en una cultura callejera basada en la violencia como forma de imponerse, generar dinero y tener poder. Además de ellos, existe una falla importante en las instituciones del municipio encargadas de controlar tanto el microtráfico como los jóvenes que participan en él.

 (Fotografías en el archivo PDF)



Referencias



Fuentes de Hemeroteca
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·       Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero  (2004 – 2012) Periódico El País.
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[1] Este artículo recoge apartes de los resultados de la investigación “Salgo con Dios, y si no regreso, me fui con él” Caracterización de la violencia homicida en el municipio de Guacarí – Valle para el periodo de 2004-2012), desarrollada en la universidad del Valle durante los años 2013-2014. Agradezco a mi tutora, Sandra Patricia Martínez Basallo  por sus apreciaciones.
[2] Todos los nombres tanto de organizaciones delictivas como de personas que se encuentren sujetas a ellas han sido cambiados por motivos de seguridad tanto de los informantes como el investigador.
[3] Las Fiestas de San Roque son los ferias más importantes del municipio de Guacarí, se hacen en conmemoración del patrono del municipio en el mes de Agosto de cada año
[4] Chirris: dícese de personas que desde alta horas del día se disponen a beber chirrinchi, que es un aperitivo de licor.
[5] “Lo pegaron es una jerga para referirse a Lo mataron”
[6] Las fronteras invisibles son los límites establecidos por grupos delincuenciales con el fin de establecer dominio sobre un territorio en especial. Estas Consisten en impedir el paso a un territorio determinado de una persona sea proveniente de una pandilla o no, estableciendo límites invisibles. Quienes sobrepase tal frontera estarán sentenciados a perder la vida.
[7] Fábrica donde se curten y trabajan las pieles.

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